Lo más valioso que vamos a entrenar es el subtexto.

El trabajo del actor no está solo en decir un texto, sino en cómo lo dice.

Un mismo texto puede tener infinitas formas de ser dicho,

y puede incluso significar algo aparentemente opuesto a lo que dice.

Ahí aparecen los contrapuntos,

cuando rompemos los lugares comunes:

— Un texto violento dicho con dulzura.

— Un texto intenso dicho con desinterés.

— Un manual de microondas que se vuelve romántico. — Un asesino que habla del clima.

— Un presidente preocupado por un granito en el cuello.

El texto es solo una excusa.

El subtexto es donde sucede la verdad.

El subtexto no es una emoción:

es la intención, el pensamiento o el deseo que habita debajo de lo que se dice.

Por eso es infinito, porque cambia todo el tiempo, incluso mientras hablamos.

Por eso podemos trabajar con 🧩 Textos neutros :

para dejar el texto fijo y empezar a jugar con los subtextos,

explorando todas las formas posibles de hacerlo vivir.

Entrenar el subtexto es entrenar la libertad:

la capacidad de darle mil vidas a un mismo texto.