es una forma de estar —un cuerpo, una respiración, una energía, una voz, una mirada.
Cada cuerpo tiene su propia lógica.
El trabajo actoral consiste en escucharla, no en imponerla.
No hay un orden fijo.
Una música puede disparar una emoción,
una emoción puede generar una mirada,
una mirada puede invitar a un cuerpo,
y un cuerpo puede descubrir una voz.
Los elementos se disparan mutuamente y la búsqueda es alinearlos dentro de una organicidad, ver⇒ Orgánico
esa coherencia viva donde todo parece pertenecer al mismo pulso.
No se trata de fabricar ni de controlar: se trata de escuchar cómo los elementos se llaman entre sí hasta que algo cobre vida.